lunes, 27 de febrero de 2012

EVOCACION DEL COLE.

(Relato de Ignacio Nuñez Ventura)

Mantequilla:  Lunes, miércoles y viernes.
Queso:  Martes, jueves y sábados.
Leche:  Diaria de lunes a sábado.

Esta historia la contaré tal y como yo alcancé a vivirla y con una mentalidad propia de un niño de pueblo con diez años de edad. El que quiera saber realmente el por qué y el cómo, le recomiendo lea la obra, muy documentada, del Catedrático de Historia de la Universidad de Alicante, Dr. Carlos Barciela López,  titulada  “La Ayuda Americana a España (1953-1963)  Editada por la Universidad de Alicante en el año 2000.
En ella podréis saber en qué consistió el “Pacto de Madrid” firmado entre España y EEUU. el 26/09/1953 así como, posteriormente, la llamada “Enmienda McCarran”

Comenzaré cuando mi maestro D. Pablo Martínez mandó traer a  su escuela un cubo de chapa, un cántaro de barro para agua y un largo palo de madera confeccionado por el Sr. Constancio el carpintero. Que misterioso todo!!! para qué querríamos en la escuela todos aquellos instrumentos o cacharros? D. Pablo aquel día nó nos dijo nada, solo que tuviéramos mucho cuidado de no romper el cántaro que nos tendría que ser de mucha utilidad y para mucho tiempo. Pasaron unos días cuando vinieron unos hombres y descargaron una serie de latas cilíndricas, más unos recipientes, también  de esa forma geométrica pero de papel prensado, materiales, por otra parte, nunca vistos por nosotros. Las latas eran  de latón color dorado con unas letras impresas en negro pero de unas formas desconocidas y con leyendas incompresibles que hablaban de ayuda al pueblo español etc. etc., y en el centro, también en negro, dos  manos  estrechándose y al fondo de estas manos podía verse una bandera con muchas estrellas, que luego nos explicaron era la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica.
Exactamente la mitad de las latas contenían mantequilla y la otra mitad queso. Y el recipiente de cartón (bastante más grande que las latas)  contenía leche en polvo.
Aquel mismo día D. Pablo nos dijo: para el próximo día de escuela os quiero ver a todos con una latita de asa que traeréis de vuestras casas y también una rebanada de pan.

Así que ese tan ansiado día que fue el siguiente al día de la llegada a nuestra escuela de todo este cargamento, vino a visitarnos un  hombre que hacía de recadero ocasional en el Ayuntamiento y al que todo el  pueblo conocía por “Currito”, (quizás sería porque se llamara Francisco). Este Sr. Currito se marchó llevándose al hombro el cántaro y al rato se presentó con él lleno a rebosar de agua. D. Pablo echó seis ú ocho litros de ese líquido en el cubo de chapa, destapó el recipiente de papel prensado y llenó unas cuantas medidas de leche en polvo las mismas que vació seguido en el agua del cubo al tiempo que entregó a uno de nosotros el palo de madera y nos recomendó: remover con energía y rapidez. La verdad que así tuvo que ser ya que ese condenado polvo americano  se resistía tanto a ser disuelto que se formaban unos grumos que no éramos capaces de disolver por mucho entusiasmo que le echáramos a la faena. Así que la leche estuvo lista por fin, le tocó el turno a la apertura de una lata de mantequilla, a cada niño una porción de la misma en su rebanada de pan. Así que era lunes, para el día siguiente, martes, le tocó el turno al queso y las mismas operaciones y ceremonial que el día anterior, lunes.

En nuestro pueblo, por aquellas fechas, y a pesar de todo, no creo que hubiese verdadera hambre física hasta el punto de irse a la cama sin cenar por no tener algo que llevarse a la boca, pero sí carencias de todo tipo y necesidad de muchas cosas, entre ellas de alimentos que hoy consideraríamos de primera necesidad o básicos (huevos, carne, pescado, leche, fruta y otros)  se comían, sí pero digamos,  de forma muy precaria  y dependiendo de la temporada  estacional anual con  respecto al alimento.

Así que esta “Leche Americana” con su mantequilla y su queso, fueron  unas exquisiteces dignas de paladares de dioses. Por lo que cada clase diaria se convertía en un verdadero festín para los niños a la hora del reparto. Pensábamos: que pena de aquellos compañeros de clase que principalmente en épocas de apañijos faltaban por temporadas a la escuela y que no podían degustar de aquellas delicatessen.

En esas tales temporadas, solo quedábamos en la escuela así como 10/12 niños, por lo que la dotación de leche, mantequilla y queso (que era para unos 25/30  por aula) se convertía en el cuerno de la abundancia y una verdadera orgía para los que quedábamos, de tal modo que llegó el caso de aborrecer  al queso que, en mi caso, por el solo hecho de olerlo ya me producía levantamiento de estómago.
Para los que no vivieron aquellas historias lácteas/escolares, diré que la leche en polvo existe hoy en cualquier hiper y envasada, creo, en latas de 500 gramos. El queso era similar al que ahora se le denomina “de bola” aunque aquel era así como más concentrado y de sabor más fuerte. En cuanto a la mantequilla era de sabor y color parecido a la que ahora nos llega de Holanda y que, hace unos años la pasábamos desde el Peñón de Gibraltar,  la americana también era más fuerte de sabor.-


domingo, 26 de febrero de 2012

UN ANTES Y U N DESPUÉS EN FUENTES DE LEON.

          Hoy contaré otra bonita historia que ocurría en Fuentes allá por la segunda mitad de los años 50.  Antes deseo situaros en la escena:  para ello quiero que entréis en la Web http://www.fuentesdeleon.net/ en el álbum de fotos, precisamente en las  “nostálgicas”, ahí encontrareis a dos jóvenes y bellas señoritas fotografiadas en la carretera que va a Segura y a la altura del cebadero de Cárdeno y que se ve, al fondo, la capillita. Si os dais cuenta están vestidas al uso de la época, estos eran los trajes de domingo, (todo honestidad y recato) largo hasta los tobillos,  escote ajustado, mangas hasta  las muñecas y  que solo  dejan  ver las manos. Bueno,  una vez situados,  sigo con mi historia.
          Nuestro pueblo por aquella época estaba totalmente aislado, ello era debido a  que no está situado en el camino de ninguna ruta, principalmente por ser el último de la provincia, no era camino de paso a ninguna parte ni tampoco poseía ferrocarril  como Cumbres. No había autobús de pasajeros para unirnos a Segura  que sí estaba en la ruta, (sólo uno, “El Correo”) pero este no era coincidente en su horario para el enlace Zafra u Oliva/Sevilla ni tampoco dirección Badajoz. No había prensa (solo la del casino de los socios de la calle fina). No había radio (posiblemente un 1% de las casas lo tendrían). No había teléfono (solo era utilizable  una central telefónica regentada por la familia Moya/Cobos. Naturalmente no había televisión. No había luz eléctrica (solo una bombilla o dos en cada casa) y solo lucían durante la noche, digamos que desde la puesta del sol hasta la salida de éste. Aunque  con mucha frecuencia  había apagón debido a sobrecarga de la  red, al viento, a la lluvia etc. etc. y entonces tardaba en haberla así como una semana. No había agua corriente en las casas. No había, salvo excepciones,  alcantarillado. No habían cuartos de baño ni aseo. De tal forma que un día una  pareja preparaba su casa para casarse y llegó a conocimiento de algunas gentes que esta pareja hacía en ese su futuro hogar  un cuarto de baño, y se corrió el rumor, así que en un grupo de mujeres que comentaban el inaudito caso se oyó a una de ellas que argumentó: “Y para que coño quiere esa joía tonta un cuarto de baño?” (sin comentarios).  Sólo habían así como tres coches, dos camiones  (uno llamado “el viento”)  no sé por qué,  y una moto Guzzi que era de Morales el practicante, por cierto,  que era tan extraordinario lo de la moto en el pueblo, que los chiquillos  le hicimos una copla a la moto… y que comenzaba así: “La moto de Morales es el terror de los zagales….”

    Podéis fácilmente suponer que  aquel forzado aislamiento representaba una imaginable pero férrea  e infranqueable muralla por la cual era imposible se filtrara absolutamente nada de las innovaciones y movimientos  de todo orden que, a pesar de todos los pesares, y por mor 
de la evolución propia de la vida,  ya se iban  produciendo  en nuestra querida España, principalmente en los grandes núcleos de población.

          Tocante a la juventud, y debido a este aislamiento, no  llegaba ninguna moda proveniente del exterior. Ni en las formas de vestir, ni en el comportamiento  y relación entre jóvenes hembra/varón.- (por esto os decía vierais lo de la foto de las dos lindas  jóvenes)  muy representativas de lo que quiero decir.
Los domingos había baile (en los altos del casino del seño Paco Posada) que era la casa de frente del Acuario  (esta casa  albergó posteriormente la “Academia Marcelino Tena” entre los años 1963 y 1973) según puede leerse en una placa conmemorativa situada en su fachada.-

          Pues bien, aunque el baile era “agarrao”, lo frecuente y honesto era que siempre hubiese  una sutil separación  entre la pareja que bailaba, esto creo que era más bien por evitar habladurías y prevenir el  “que dirán”; ya que si de ahí  llegase a  madurar un noviazgo  y esta relación se rompiera, pues a esta joven ya le sería muy difícil le saliese otro
novio, ya que las habladurías quedaban ahí presentes y pegadas como el sello a una carta (como vulgarmente se decía: se quedaba para vestir santos)  la música bailable que se ponía eran de los cantantes Nat King Cole –en español- Antonio Machín, pasodobles, y las grandes orquestas de Pool Muriat , Mantovani y otros,  con sus mambos,  cha-cha-chás y otras del momento (todo en discos de vinilo)

          Los acercamientos entre parejas se hacían en el banderín de enganche, esto es, la calle que va desde la plaza al altozano, para lograr un paseo con la niña de tus preferencias no queráis ver la cantidad de recursos de que tenía que valerse el chaval pretendiente, yo creo que en un 98% quedaba la cosa en fracaso o calabazas.

        Bueno, esta situación tendría un día que cambiar pero,   ¡!cómo?  Ya habéis leído de qué forma estaba montada la sociedad del momento, y la dificultad que suponía importar novedades de fuera principalmente debido al aislamiento de que antes os hablo. Era así como una botella  de cava a
punto de salirle disparado el tapón, sólo había que darle el definitivo empujoncito y  saldría en ebullición todo aquel líquido comprimido  y reprimido durante tanto tiempo … 

          Y como en los cuentos de adas, esa explosión se produjo de una manera imparable y de  la forma más sencilla, inesperada e imprevista, pero con una fuerza tan vital y arrolladora que a partir de entonces todo cambió sin temor a ser anatematizado  por nadie.
Fue el caso que a nuestro pueblo llegó un señor que se hizo cargo de la secretaría del Juzgado de Paz “el Sr. Secretario”, no recuerdo su procedencia, pero sí que con él trajo a su familia: Dos preciosísimas hijas en edad de merecer y a las que popularmente se las llamaba “las secretarias”. Estas bellezas (ambas dos)  y empezando de sus cabezas y hasta los pies, vestían de la siguiente manera. Cabellos rubios, no sé si naturales o de bote, muy bien cuidado, así como de peluquería. Rostros  esmeradamente maquillados: rimel en las pestañas, cejas muy bien depiladas y perfiladas, ojos sombreados y achinados, pómulos coloreados. En cuanto a sus formas de vestir podéis imaginaros que era acorde con todo el conjunto, escote algo generoso, cintura estrecha y largo de falda así como una cuarta por debajo de las rodillas,  zapatos de tacón alto que les daban un porte grácil y esbelto en sus maneras de andar. Con ellas llegó al pueblo esa revolución tan necesaria y aperturista que cambió los moldes habidos hasta el momento  entre la juventud. No creáis que pasara del  negro al blanco o de un extremo a otro de una sola tacada, pero sí cambiaron muchas cosas y todas para bien:  Las formas de comporta-miento en el baile, en el paseo,  en el vestir, en el arreglarse, en  los gestos y en todo aquello que soltara el pedal de aquel freno  oprimido  durante tanto tiempo y que con la
llegada de estas chicas al pueblo,  resultó la liberación. Ellas trajeron la innovación  de todas aquellas cosas que en Fuentes no se habían puesto en práctica por la falta de conocimiento de que las mismas existieran. Ellas
fueron las precursoras de poner a Fuentes a la moda del momento así como la preparación del camino a los tiempos que se avecinaban, creando  las condiciones necesarias para  dar el paso de gigante al cambio que se nos venía encima,  y que este no era otro que el regreso, ya en la década de los 60, de aquella juventud emigrante, que en un principio fue desde Barcelona y algunos desde Sevilla (como fue mi caso)  y otras ciudades españolas que venían a pasar sus vacaciones en el pueblo, luego más tarde sería desde Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda etc. etc.  ellos  traían ya 
grabadas en sus retinas otras formas de vivir y que se fue aceptando y copiando aquí en nuestro pueblo, ya las parejas paseaban cogidos de la mano o pasado el brazo por el hombro, así como los más osados, también por la cintura. Este cambio, unido a la llegada de la TV en el 1961 fue el espaldarazo  que ayudó para poner al día y sacar a la juventud del momento de aquel marasmo en que se hallaba sumida.

          El resto ya es más sabido por todos y en adelante ya tampoco pude vivir yo la experiencia de los futuros cambios. Yo marché del pueblo en el 1960 y aunque seguí yendo, principalmente en los veranos, rompí definitivamente mis vínculos afectivos e íntimos   exactamente en el año 1967, que coincidió con  un episodio  muy personal, fue una ruptura  que influiría muy mucho en mi vida futura, la cual tuvo que dar un cambio radical y que duraría hasta siempre;  por ello podría aplicárseme, a partir de ese preciso momento, aquella célebre frase dicha por Julio Cesar al paso  del río Rubicón  “Alea iacta est” (la suerte está echada)

viernes, 24 de febrero de 2012

POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS.


Es el título de la obra escrita por Ernest Hemingway, publicada en 1940 y su trama se desarrolla en España durante la guerra civil.
Este título me hace recordar aquellos años de la primera década de los cincuenta cuando las campanas de la torre de nuestro pueblo tocaban para anunciar el fallecimiento de alguna persona. Pues bien, cuando este hecho acontecía  este redoble fúnebre de las campanas era oído por la totalidad del pueblo y, lo más inmediato, era esperar al número de toques dobles finales que marcarían si la persona difunta se trataba de mujer u hombre.  Quiero recordar que de ser mujer el número de campanadas dobles era el de diez y si se trataba de un hombre eran doce. Hasta aquí todo bien pero, de quien se trataba la persona fallecida?
Era toda una incertidumbre, así que  a esperar  a alguien, cualquiera, que, como transeunte, pasara por nuestra calle y nos informara de quién se trataba, si lo sabía la persona preguntada aún no quedaba la información al detalle, porque, que edad tenía la o el finado?.  Ahhhhh…. Así que a continuación seguía… y, que edad  tenía?    (si era varón), fumaba? dado el caso que tuviese 60 años o más, ya la preguntante quedaba totalmente satisfecha con la información recibida.. así que la exclamación  lógica era:   ¡!!!Ah bueno!!!; cómo queriendo decir “ya vivió bastante”, la lógica era aplastante por cuanto la esperanza de vida en aquellos tiempos era la de 60 años y muy poquitos más.-

Ignacio Núñez Ventura

martes, 14 de junio de 2011

PALABRAS DE USO CORRIENTE EN FUENTES DE LEÓN QUE NO FIGURAN EN EL DICCIONARIO, O TIENEN OTRO SIGNIFICADO DISTINTO, PERO SIN SER BARBARISMOS DEL LENGUAJE.


HABLAS, PALABRAS Y DECIRES ANTIGUOS EN FUENTES DE LEON


ACIONERO.- Persona friolera, que siempre tiene frío aunque no lo haga.

ACORRICAR.- Recoger del campo productos ya recolectados y dejados atrás.
(era muy normal en el caso de aceitunas, espigas, etc., etc.) (te la vas a acorricar) amenazar con un castigo en caso de desobedecer.

ACURRUCARSE.- Encogerse, ponerse cómodo en esta postura.

AGARFAÑAR.- Acción de recogerlo al máximo, ahorrarlo todo.

AJILAR.- (Figuradamente poner al hilo) en camino, en fila organizada.

AJOTAR.- (Azuzar) incitación al perro para que te ladre o persiga.

ALABÁN.- Algo muy abundante, generalmente mucho ganado.

ALCANZÚA.- (Por hucha) para guardar  los ahorrillos.

ALEJINOSO.- Muy dado a las novelerías, pamplinoso.

ALFEÑIQUE.- Enclenque, débil, de pocas fuerzas.

ALGAFAIFA.- Fruto del algafaifo.

ALGAFAIFO.- Arbusto de mediana estatura, de fruto carnoso y comestible, de sabor algo ácido, su tamaño es  inferior a una cereza y de textura más consistente que esta; el color de la cáscara es rojizo y el interior de un amarillo verdoso.-

ALGOFIFA.- Bayeta para el fregado de los suelos. Se hacía de rodillas en un artilugio deslizante fabricado en madera  al que se le llamaba rodillero (Esto, naturalmente, fue anterior al invento de la fregona)

AMO.- Persona dueña de tierras y otras propiedades  (el amo) no en el sentido de dueño de
los asalariados u obreros como ocurría en época feudal  (vengo de casa del amo) no de mi amo como pudiera creerse.

ANDADOR.- Utensilio o prenda confeccionada artesanalmente en tela fuerte y resistente que
servía de faja a los niños. A  esta faja se cosían dos aros de tela de unos 60 centímetros de largo, de esta forma se asía al niño para que aprendiera a echar sus primeros pasos, en caso necesario se les colgaba de una silla, pestillo de puerta u otro con la sola condición que el niño tuviese sus pies en el suelo.

ANDANCIO.- Generalmente en invierno,  a los resfriados u otra enfermedad estacional
leve que padecía casi todo el pueblo.

ANTUSANERO.- Persona dada a sobrevalorar todo aquello que incumbía a su persona
o a su hacienda, particularmente a su salud (quejumbroso).

APITIDO.- Grito muy fuerte y exagerado, chillido.

ARREBAÑAR.- Recoger todo lo que hay sin dejar absolutamente nada.

ARRECARCAR.- Presionar fuertemente el contenido de un costal, saco, serón etc. para llenar
         al máximo de su capacidad.

ATACARSE.- Acción de abrocharse el pantalón, la camisa u otra prenda de vestir.

AZAFATE.- Plato de cinc, o de forma especial y con esquinas redondeadas para servir cierta clase de comida.

BALAGUERO.- Montón de cosas o de años.
BARRENOSO.- Hombre fuerte y de vigor.

BENDO.- Hombre bruto y soez.

BICHERA.- Gusanera.

BICHOS.- Por ganados.

BOLAS.- Por pimientos.

BOLICHE.- Horno de carbón, también horno donde se cocían los ladrillos hechos artesanalmente y también bolas de piedra o barro cocido con que jugaban los niños.

BRÍNDOLA.- (Juego de la) Constaba de un trozo de palo de unos 15 centímetros 
aproximados, terminado en punta por ambos lados y otro palo más largo con que se le hacía saltar enviándola lo más lejos posible.

BURRANCO.- Burro pequeño, de corta edad.

CABACHÓN.- Piedra alargada que era clavada en el suelo para delimitar las lindes en el
campo, generalmente se les ponía a ambos lados otra piedra un poco más baja y en sentido perpendicular a la línea  lindera, a estas se les llamaba testigos de linde.

CABUCHO.- Herramienta propia para cavar en el campo, parecida al sacho.

CACHINO.- Pequeña porción de un todo. Diminutivo de cacho.

CAGAJONERO.- Persona que recogía por calles y caminos los cagajones (cagadas) que
         dejaban las caballerías.-

CAGARRIA.- (o almenilla) seta comestible muy apreciada y de buen sabor.

CALABAZO.- Hombre basto, rudo, de pocas luces.

CALLUNCO.- Dícese del comestible a medio cocer.

CAMANDULÓN.- Persona no de fiar,  por falso, hipócrita y solapado.

CANCILLA.- Portón sencillo, de madera, que se coloca para entrada a las fincas.

CANCON.- Por persona vieja, de mucha edad.

CANDONGO.- Ponerse ligeramente alegre por ingestión de bebidas alcohólicas.

CANGALLAS.- Útil especial de madera para montar cargas en las caballerías, especialmente
llevar mieses hasta las eras para su trilla.

CANITO.- Palabra cariñosa o afectuosa generalmente dirigida a niños pequeños.

CANTERO.- Porción rectangular de tierra, en las huertas para la siembra de hortalizas.

CAÑAFOTE.- Así  llamado a los saltamontes.

CAPULLO.- Hombre bastante bruto y falto de juicio.

CARPANTA.- (Galbana). Sueño o pereza, particularmente la que entra después de comer.

CARRETÓN.- Por carretilla (útil con rueda para el transporte manual de arena u otros)

CASERO.- (O Cortijero) Persona que vivía, con toda su familia en el campo de su empleador,
         venía cada sábado al pueblo a proveerse de víveres, afeitarse, relacionarse con sus
         vecinos, recabar noticias, visitar las tabernas, etc.,etc.-

CEPORRO.- Hombre bruto de poco alcance.

CIMBARÓN.- (Montículo alargado) o parte del terreno más elevado que el rasante que lo circunda. También protección de tierra a ambos lados de los arroyos a fin de encauzar el agua de sus avenidas o crecidas y así evitar sus desbordamientos.

CIPIZAPE.- (Se armó un) algarabía, bulla, jaleo.

COBUJÓN.- Cada uno de los dos senos de que dispone un serón, fondo de los serones.

¡COILE!.- Interjección, por ¡Cáspita!, ¡caramba!.

COJETÁ.- (Cojetada) Respingo dado por la sorpresa  de algo desagradable.

COJONATO.- Dícese de la persona inalterable, lenta y tranquila por naturaleza.

COLETILLO.- Prenda infantil confeccionada artesanalmente, era una especie de faja
para protección de la cintura, con cuerdas de tela a los extremos para atar alrededor.

COLMO DE BÁLAGO.- Manojo de paja de centeno, servía para relleno de monturas de
caballerías y para el colchón de dormir. (Debajo del de lana)

CONCEJIL.- Persona que sacaba al campo generalmente a cerdos de distintos propietarios,
desde la mañana hasta la tarde que los entregaba a sus respectivos dueños. Por ello recibía una cantidad de dinero previamente estipulada.

CORRICAR.- Coger frutos en el campo después de su natural recolección.

CORROBRA.- La comisión que se daba al intermediario o tratante que intervenía entre
         vendedor y comprador de cualquier bien.

COTA.- Suciedad, por falta de higiene personal, generalmente detrás de las orejas.-

COTOLÍA.- Por cogujada.- Pájaro del color de un gorrión, algo mayor que este, y que hace sus
         nidos en el suelo, adornan sus cabezas con una especie de cresta de plumas. Siempre
         se las ve emparejadas, (sólo de dos en dos.)

COTUBILLO.- Magro o porción de carne asada que se degustaba con vino tinto en las
         matanzas y tan pronto como se sabía el resultado de su análisis por el veterinario.

COTURNIO.- Moneda falsa o muy deteriorada.

COTURRA.- Leña muy seca que tienen los olivos viejos a nivel del suelo, entre el tronco y la
Raíz, leña de baja calidad especialmente de raíces.

CRÉSPANO.- Frío muy intenso de invierno.

CUCHARILLA.- Persona muy rápida y ágil en el trabajo.

CUCHARRO.- Pequeña vasija rústica de forma semiesférica, generalmente de
         corcho, que se utilizaba para beber.

CUEZO.- Vasija de barro para cocinar o guardar alimentos.

CULAPERA.- Parte trasera  del pantalón, particularmente si éste es grande.

CURAR LA HERIDA.- Comida familiar que se hacía en casa de la novia, al día
siguiente de su casamiento.

CHANGARRIO.- Persona u objeto extremadamente estropeado e inservible.

CHAQUETÍA.- Se pedía puerta a puerta por todo el pueblo, el donativo consistía en dinero o
en especie (normalmente membrillos, sandías y melones de invierno, uvas y granadas) era para las personas que se encargaban de doblar las campanas por los difuntos y durante todas las noches del mes de noviembre, desde el toque de ánimas al anochecer y hasta el alba del día siguiente.

CHARABASQUEO.- Raspajeo,  ruido que hace algo próximo que se mueve.

CHARRÚA.- Grupo en marcha de muchos animales o personas de bajo rango.

CHICHARRO.- Es una variedad del guisante pero seco para el ganado.

CHICHE.- En el argot infantil, garbanzo cocido.

CHINCHE.- Aplicado al ombligo del niño pequeño.

CHINFARRÁ.- Herida hecha por navaja, poco profunda pero muy larga.

CHIQUILICUATRI.- Pequeño, persona baja con relación a su edad.

CHURUMBO.- Mancha chorreante muy grasienta y pegajosa.

DAMAJUANA.- Vasija que la mayor era de  una @ (16 litros) de capacidad, de vidrio y forrada
         de esparto u otro material (Garrafa).

DESFANDOFAR.- Enredar al deshacer mal una cosa.

DESFARATAR.- Por desbaratar, deshacer lo hecho.

DESAPERAO.- Con pantalones desabrochados y bajados (también farragua).

DESAPERARSE.- Desabrocharse y bajar los pantalones.

DIVISAS.- Mechones de pelo de otro color que les cría a los animales y muy especialmente a
         las caballerías.

DONCEL.- Dícese de la encina temprana y cuya bellota cae pronto.

EMBARRAR.- Por enlucir las paredes con mezclas u otros materiales.

EMPARVARSE.- Caerse al suelo.

EMPERCOCHAR.- Ensuciar de mala manera (o no limpiar lo sucio con esmero)


EMPERIFOLLARSE.- Vestirse con ropas de fiesta.- arreglarse físicamente más y mejor que se
         hace ordinariamente.

ENVERNECER.- (Reverdecer) Persona, animal o cosa que vuelve a su anterior lozanía y
         vitalidad.

ESCACHARSE.- Reírse exageradamente.

ESCARRANCHADO.- Montar a las caballerías con las piernas abiertas.

ESCOTERO.- Venir fuera del camino recto.

ESCUDARSE.- (Se escuda) dícese de la res vacuna que agacha la cabeza como para embestir, pero sin llegar a hacerlo.
        
ESMIRRIADO.- Enclenque, delgado, enfermizo, débil.

ESPICHE.- (Búcaro)  Vasija de barro cocido con pitorro para beber agua.

ESTÁ TAN EN ELLO.- Esta palabra se utilizaba por ejemplo: cuando se veían en la calle dos
personas y la una le preguntaba a la otra por la salud de algún familiar y si estaba bien pues la preguntada contestaba con esta frase: Está tan en ello.-

ESTERNILLARSE.- Reírse seguido, fuerte y convulsivamente.

ESTREBEJIL.- Ruido producido por la caída de varios objetos al mismo  tiempo.

ESTRUMPIR.- Estallar o detonar algún objeto.

EXCUSA.- Se dice a la cabeza de ganado percibida por el obrero agrícola como salario en
         especie.

EXCUSADO.- O escusado, persona proclive a inmiscuirse en las vidas de los demás. También
         se daba este nombre al W.C. del cuarto de aseo.

FACATÚ.- Contracción intensa e involuntaria de los músculos del cuerpo.

FACATU.- Pérdida de conocimiento o convulsión.

FACATUA.- Miedo intenso a algo desconocido.

FACHO.- Candela muy grande de leña.

FALAGÓN.- Persona delgada, no por su propia constitución física, sino por falta de
         alimentación.-

FAROTE.- Persona alta y muy delgada.

FARRAGUA.- Desaperao, con pantalones caídos y camisa fuera.

FRIAJONES.- Habichuelas recolectadas  verdes.

FROCHIGAR.- Llanto infantil muy sonoro y constante.

GANCHA.- Racimo de uvas.

GATIFORA.- Colarse gratis en sitios que son de pago previo.

GAVEJÓN.- Porción de pasto arrollado que pasa a formar parte de un haz de heno.

GIÑOTAZO.- Guiñar un ojo.

GLORIETA.- Bebida alcohólica hecha en casa a base de  aguardiente, al que se agrega el
                   mosto de uvas negras recién vendimiadas, en una proporción aproximada del       
                    50%.- 
         
GORRIATO.- Por Gorrión.-

GURUMELO.- Hongo o seta comestible que nace bajo tierra.

HINCHÓN.- Especialmente higo no maduro, aplicable también a otras frutas.

HUECA.- Oquedad que resulta en el árbol al pudrirse el sitio de la rama cortada.

HULE.- Le pegaron.- (le dieron hule)

JABÓN.- Darle a alguien una gran paliza.

JANDINGO.- Compostura de persona mal vestida y desaliñada.

JANGARILLAS.- (Por angarillas) Útil de cuatro senos, generalmente hecho de esparto, para portar cántaros u otras cargas en las caballerías.

JÁQUIMA.- Apero que se pone a las caballerías en la cabeza para su guía o conducción.

JERIGONZA.- Zalamería o demostración empalagosa de cariño.

JERINGO.- Igual a churros o tejeringos.

JERREÑO.- Persona bastante fuerte,  trabajadora, recia y corpulenta.

JUDAS.- Cerdo que no engorda al ritmo del resto de la piara.

JUMENTO.- Bestia, burro y por analogía hombre cerril y de cortas entendederas.

LABÓ.- Lo que hoy sería lo más parecido a una guardería para la infancia.

LAMBUZÓN.- Persona acaparadora de cosas de poca monta y valor.

LAPO.- Piedra de buen porte y tamaño y en forma de canto rodado.

LECHERO.- Encargado de traer la leche del campo a la casa. Esta labor era efectuada
generalmente por niño de 10/12 años. Llegaba al pueblo, desde el campo, a media mañana de cada día. (Este, digamos, pequeño obrero, lo era para casa de las llamadas grandes)

LINGOTAZO.- Beberse de una sola vez una copa de vino o licor.

LITRI.- Persona presuntuosa y presumida en grado sumo.

MAJARETA.- Algo perturbado mentalmente (está majara).

MANGUARA.- Copa doble de aguardiente o coñac.

MARAÑO.- Manojo de hierba segada con la que se forma el gavejón.

MARINEAR.- Trabajos simples efectuados en varios sitios al mismo tiempo.

MELISENDRA.- Persona muy delicada para comer.

MIJINA.- Porción pequeña de un todo, persona muy poquita cosa.

MORCILLA MACHO.- Se hacía básicamente con las vísceras de cabras y cabritos,
añadiéndosele especias y hierbabuena. Se usaba para el guiso de patatas.

MORERO.- Obrero que trabajaba en las eras.

MORGAÑO.- Araña u otro insecto casero de pequeño tamaño.

MORISCAL.- Pequeña parcela de secano próxima al pueblo.

MOSICOS.- Restos de pan duro ya mordisqueados.

MOSTRENCO.- Persona poco dada al trabajo.

MOTAJEAR.- Comparar en la medida con el modelo (La tela por si sale el vestido)

MOZO DE MULAS.- Jornalero, trabajador de las casas llamadas  grandes. Se encargaba de
abastecer de leña y otros menesteres relacionados con la casa así como con  el cuidado de las caballerías.

MUELLES.- (O las muelles) Tenazas grandes para aderezar la candela.

MURRUÑAJOS.- Residuos que quedan al freír el lomo fresco de cerdo.

NEGUILLAS.- Estado molar de las caballerías para distinguir su edad.

PADREJÓN.- Afección o dolor en el estómago.

PÁJARA.- Mirlo o pájaro negro, también se le llamaba “mierlo”.

PAJARERO.- (EL día está)  día nublado, destemplazo, amenazante de lluvia.

PALANCOTE.- Hombre largo y algo destartalado.

PÁMPANA.- Lluvia fuerte y copiosa; también pegar, dar una paliza.

PAPARREAR.- Ir a medianoche a la puerta de un vecino a contarle aquellas habladurías que          corrían en el pueblo hacia su persona, esto se hacía cambiando el tono de voz para no ser   
reconicido.-


PASEO.- Para el aprendizaje de los niños a andar. Consistía en dos palos paralelos y de unos
2,5 metros de longitud. Estaban unidos por sus extremos a dos trozos de madera que les servía de apoyo. A estos se les unía una tabla abierta en dos y de corredera, a su agujero central  se ataba el crío para que pudiese ir de un extremo a otro.

PAVESERO.- Cenicero.

PECES DE HUERTA.- Judías verdes, rebozadas en harina y  huevo batido. seguidamente se freían añadiéndole un caldo frío confeccionado con ajo, perejil, comino y sal.

PENCO.- Hombre o animal poco dado al trabajo, flojo, mostrenco.

PERRUNA.- Hogaza de pan hecha con barreduras de la panadería y que servía para dar de
         comer a los perros.-

PERCUJE.- (Ha echado el percuje fuera)  ha salido de su convalecencia.

PERFA.- Dar una buena paliza.

PERGAL.- Persona desacreditada y de ínfima condición.

PERCUDIDO.- (O percudío) Trapo o bayeta que al estado de la suciedad se unía la humedad, llegando a transformar su color primitivo.-

PESETERO.- Tubo o vaso de vino bebido en mostrador y al precio de una peseta.

PEZCOZÓN.- Cogotazo, golpe dado con la mano en el cuello de una persona.

PILLÍN.- Se decía al niño pequeño que era muy  espabilado.-

PIMPÁJARO.- Jaramago.

PÍNFANO.- Mosquito que produce ruido al volar.

PINTURERA.- Se decía de aquella mujer muy dada a empolvarse, pintarse y arreglarse más
         de lo que se consideraba normal y habitual.-

PITARRA.- Cantidad corta de vino y de propia cosecha.

PITERA.-  Desconchado en la pared por efecto de haber dado un golpe

PÍTIMA.- Seguimiento, monomanía en cualquier cosa.

PITÍN.- Diminutivo que se les daba al atributo masculino de los niños pequeños.-

PIRO.- Cerdito pequeño, de corta edad.

POLISA.- Ceniza del cigarro.

PÓMPORAS.- Pompas de jabón.

PRESTA.- Por yerbabuena o hierbabuena.

PRETAÑUELA.- Abertura hecha en la parte delantera de los pantalones.

PUCHAS.- (Por poleás) alimento hecho a base de harina de trigo y agua,  una vez cocido se le
         añadía leche.

PUJAR.- Comienzo de llanto infantil o llanto suave y entrecortado.

PURO.- Instrumento de madera para aplacar a las caballerías. Se les aplicaba fuertemente
atada en el labio superior. Constaba de dos palos unidos en la punta por una especie de bisagra y al otro extremo tenía una cuerda que se ataba para su apriete.

PUYAS.- Puntas de hierro para clavar la madera.

QUICIERAS.- Piedras planas agujereadas que sobresalen de los postes y que sirven para que
las cancillas giren dentro de ellas.

RABICHE.- Animal que ha perdido el rabo.

RAPA.- Mozo de servicios que servia a familias adineradas y para todo aquel trabajo que por
         naturaleza no podían realizar las “mozas”  o criadas de casa.- (Aguador).

RASTRAS.- Rebañaderas, ganchos múltiples para sacar objetos que caen en los pozos.



RECULO.- Productos hortícolas  de poco tamaño y que eran el final de la cosecha normal, se
         aplicaba a los pepinos, melones, etc. (dícese del hombre bajo de estatura).

REMECERO.- Instrumento hecho con cuerdas y que sirve de columpio.

REPÁPALO.- Tortillita cuya base es la patata cocida y machacada en el almidez

REPIÓN.- Por peonza, trompo. Dícese también del niño pequeño.

REVOLTILLO.- Se hacía con las tripas del cordero, se liaban y anudaban, generalmente se les
         echaba al guiso de patatas.

REZAGO.- La parte más fina de lo que se le quita a la encina en su poda o tala. Sirvía para
         hacer el picón para el brasero.

RODILLERO.- Artilugio hecho de madera y que servia para arrodillarse y fregar los suelos con la algofifa o bayeta.-

RODRIGÓN.- Trozo de leño de olivo, aproximadamente de 60 centímetros de largo, que
servía para hincarlo como estaca en el olivar y éste retoñaba para formar un olivo, a este olivo pequeño se le denominaba renuevo.

ROLLÓN.- (o afrecho) Cáscara que envuelve al trigo y procedente del primer cernido de la
         harina. Se utilizaba para comida de animales amasada con agua.

SARASA.- Varón afeminado.

SEÑORITAS EN CUERO.- Pez marino.- Eran lo que en todas partes se les llamaba lenguados
         pero en Fuentes no se conocían por su nombre.

SERA.- Recipiente ovalado, confeccionado en esparto, y que servía para el transporte
del carbón.

SERON.- Recipiente, con dos senos, hecho de esparto, que servía para el traslado de estiércol,
         arenas o productos del campo en las caballerías; era muy versátil.

SOBREJARMA.- Pieza generalmente hecha de esparto y que servía como protección del
         aparejo o montura de las caballerías.

SOTARRAÑA.- En lugar de avispa.

SUERTE.- Pequeña finca de olivar.

TEJORCULO.- Interjección que expresa alguna impresión súbita o sentimiento profundo. Particularmente acerca de nuestro interlocutor o a las ideas expresadas por éste.

TERCERINA.- Procede del segundo cernido de la harina, después de haberle sacado el afrecho
o rollón. (se utilizaba para comida de animales y haciendo una especie de argamasa con agua).

TRINCALLA.- Majado de gazpacho con poca agua, abundante rebanadas de pan y mucho aceite.

TRUJE.- (Lo Truje) En lugar de “lo traje”  del verbo traer.








VIDE.- (Lo vide) En lugar de lo “ví”  del verbo ver.

VOLANDERA.- Piedra generalmente plana y de buen asiento con la que se finalizaba en altura
las paredes del campo hechas en seco con este material.- También niña a punto de salir de su niñez.

ZAGAL.- Se decía del varón que ya había crecido lo suficiente para llamársele“canito”.

ZUMBÓN.- Por escarabajo pelotero.




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Obra según trabajo de D. José Núñez Bonilla, en colaboración con D. Aurelio Muñoz Brioso y D. Luis Sara.-
Ordenado, corregido y aumentado por D. Ignacio Núñez Ventura (Sevilla, año 2010).